Siempre me ha gustado el aspecto distinguido de un sofá Chester. Es uno de esos muebles que llaman la atención de cualquier persona que entre en la estancia donde se encuentre.

Sus formas son conocidas en el mundo entero, ¡y con razón! Es un mueble elegante pero a la vez muy cómodo, combinación que no suele darse a menudo en un sofá ya que la mayoría de las formas poco convencionales conllevan un incomodo reposo.

Hay un estilo muy clásico en un sofá Chester. Cuando pesamos en ellos nos imaginamos todo forrado de cuero, con unos grandes brazos redondeados a la altura del respaldo, salpicado por botones que le dan un aspecto de acolchado y ribeteado con tachuelas de metal.

Parece que están arrasando en todos los países (incluida mi propia sala de estar, por supuesto), debe ser por su versatilidad para poder colocarse en casi cualquier sitio, tanto público como privado, desde la biblioteca de un club de caballeros hasta un burdel.

sofa chesterfield

Pero últimamente estoy notando la tendencia de situar estas piezas clásicas en espacios con decoración moderna. Un contraste que a priori parece no cuadrar, pero que el resultado no desentona en absoluto.

El sofá Chester es muy conocido, cualquiera puede reconocerle, pero extrañamente sus orígenes son prácticamente un misterio. La leyenda popular que se divulga por ahí es que fue inventado por el cuarto conde de Chesterfield (Philip Stanhope), cuando este encargo un sofá similar en la mitad del siglo 18.

El siglo 18 fue, en efecto, un siglo en el que proliferaron nuevas formas de sofás. Era algo bastante novedoso ya que hasta hace poco no existían estos, más bien la gente se sentaba en bancos, no muy cómodos, por cierto.

sofa-chesterfield

Pero lo cierto es que un sofá tenia estilo muy familiar del Chester (podría ser un prototipo), fue un sofá francés en la década de 1770 llamado “paphose” o  turquesa en el cual el reposa espaldas terminaba en dos brazos curvos, este no era de la misma altura que los brazos pero había una continuidad y una comodidad que recuerdan al clásico, por lo que no es descabellado pensar en que su origen no fue obra solamente del conde.

Sin embargo, es poco probable que el conde de Chesterfield fuese el responsable de desarrollara la forma como la conocemos hoy en día.
El tipo de botón para que quede la forma de acolchamiento que vemos en el Chester no surgió hasta un siglo después, cuando la clase media floreciente exigía muebles cómodos pero a la vez ostentosos.

Los muelles en espiral no fueron patentados hasta el año 1828. Su innovación creo toda una revolución en sillas y sofás mullidos y los nudos eran una manera muy eficiente y estética de mantener todo el relleno de crin de caballo en su sitio.

Pero se necesita mucho más que la forma de los nudos para definir un autentico Chester.

La primera imagen de un verdadero Chester (con sus brazos en volutas y sus proporciones altas) que podemos encontrar es a partir de 1857, en una pintura de James Roberts. El sofá esta situado en la sala de dibujo del Castillo de Balmoral (Escocia) residencia real de la reina Victoria I. Curiosamente estaba forrado en tela de cuadros, a juego con las telas de los otros objetos de la habitación.
Diez años después, hay otra ilustración de Frederick Walker en 1867 en la novela de Thackeray: Philip. El sofá se ve ya en un tono marrón de cuero situado entre un tapiz floral y una alfombra con un exuberante patrón.

Se ve que las dos estéticas (la del palacio y la de la ilustración) son completamente diferentes en cuanto a estética a modas y a decoración, y sin embargo el Chester es tan versátil que se adapta a las dos épocas.

Aunque si que vemos claramente que es la forma característica del Chester, aun todavía no había adoptado su nombre. Según el Diccionario de Oxford, el primer uso registrado de la palabra “Chesterfield” no fue hasta el año 1900.

A pesar de tener sus raíces en el siglo 18, el sofá Chester parece adaptarse a una gran variedad de interiores modernos.

Ahora más que nunca hay una gran demanda de este tipo de sofás, en diferentes colores, materiales y decoraciones, pero todos tienen la misma esencia. Además hay mucha disponibilidad, los podemos encontrar en cualquier tienda de muebles.

¿Y tú? ¿Ya tienes uno en tu hogar? ¿O te parece que es solo un mueble de estilo victoriano que te parece que debe guardarse en el trastero?